Los gestos del Papa Francisco: ¿revolución o marketing?

¿Los gestos del Papa Francisco son marketing? Llevamos una maratón de popularidad con nuestro Papa Francisco y todos los gestos que ha tenido desde que llegó al Vaticano han sido noticia y muy discutidos en las redes sociales: que si usa zapatos viejos en lugar de los rojos, que si su apartamento es más humilde que el que le tocaba, que si ya no usa un Papamovil sino un coche más modesto, su viaje a Lampedusa, su rechazo a la usura…

Ha aparecido como ícono en la revista Life, Rolling Stone y ha ganado mucha simpatía de muchos en el mundo, y le acusen de que sus gestos tiernos, discursos sociales y demás, es puro marketing.

Pope Francis Holds Weekly Audience

Aquí en España un programa titulado “El Objetivo” se enfrentó a la Iglesia, tan vilipendiada en España, aunque he de admitir que en muchas ocasiones, los Obispos hablan sin pensarlo, cuando creo que debería haber silencio, y analizó un aspecto muy criticado en España: cuánto dinero recibe la Iglesia del Estado, y sobre si el discurso del Papa es sólo marketing o implica un cambio auténtico en la Iglesia.

[box type=”info” size=”large” border=”full”]Aquí pueden ver el programa completo. Desconozco si puede verse fuera de España.[/box]

¿Son auténticos los gestos del Papa? Aquí trataré de ennumerar el porqué creo que los gestos del Papa son más que gestos, y son un giro de la Iglesia, que no es un giro, es más un “volver”.

[unordered_list style=”arrow”]

  • Parece que cuando el Papa dijo eso de “¿Quién soy yo para juzgarles?” cuando hablo de los homosexuales, muchos entendieron que al día siguiente la Iglesia aceptaría la homosexualidad. La verdad es que esa posición de concordia, aceptación y ausencia de juicios a los homosexuales ha estado siempre en la Iglesia, no es nada nuevo. Ya el Papa Juan Pablo II y el Papa Benedicto XVI en otras palabras expresaron exactamente lo mismo.
  • Cuando el Papa habló de involucrar en papeles más importantes dentro de la Iglesia a las mujeres, no implica jamás que acepte el sacerdocio para las mujeres, algo que incluso el Papa Juan Pablo II negó en su momento, lo que sí mencionó es que las mujeres pueden ser incluso Cardenales, puesto que para ello no se requiere el sacerdocio, y que sí, hay mucho por hacer, pero los medios sólo centran éste aspecto en el sacerdocio femenino, cuando hay mucho más que eso dentro de la Iglesia.
  • La Iglesia ha admitido, desde que el Papa Juan Pablo II condenara pública y contundentemente a los sacerdotes pederastas, hasta lo que el Papa Benedicto XVI ha hecho como lo que sucedió en Irlanda, que muchos sacerdotes han cometido muchos y muy crueles crímenes en contra de los niños, y muchos miembros de la Iglesia ayudaron a ocultarlos de la ley, y admite también que hay mucho por hacer. La Iglesia trabaja mucho en ello, y a pesar de las críticas de un organismo tan hipócrita como la ONU, lo sigue haciendo, aunque insisto, quede mucho por hacer por todos.
  • Los cambios en la banca vaticana son más que evidentes: el Papa ha destituido a los que han manejado mal los recursos, y se han creado comisiones para hacer auditorías a la banca y sanear las cuentas y hacerlas transparentes, todo bajo mandato expreso del Papa Francisco. “Quien  no quiere hacer nada, crea comisiones” dicen los críticos, yo les respondo: el Papa no es Dios, es un ser limitado y no sabe de todo ni tiene todo el tiempo del mundo.
  • Los cambios que exigen al Papa en la Curia Romana se darán, al tiempo prudente, recordemos que los tiempos del mundo, no son los tiempos de la Iglesia. Como me dijo un amigo sacerdote: La Iglesia da pasos firmes, no rápidos.

[/unordered_list]

¿Qué opinan? ¿Es tan revolucionario como los medios creen que es el Papa Francisco?

Homilía sobre la humildad

¿Podía manifestarnos de una manera más evidente, nuestro, divino Salvador, la necesidad de humillarnos, esto es, de formar bajo concepto de nosotros mismos, yo, en nuestros pensamientos, yo, en nuestras palabras, yo, en nuestras acciones, como condición indispensable para ir a cantar las divinas alabanzas por toda una eternidad?

1280px-Madonna_of_Humility_by_della_Quercia

– Hallándose un día en compañía de otras personas y viendo que algunos se alababan del bien por ellos obrado y despreciaban a los demás, Jesucristo les propuso esta parábola: «Dos, hombres, dijo, subieron al templo a orar; uno de ellos era fariseo, y el otro publicano. El fariseo permanecía en pie, y hablaba a Dios de esta manera: «Os doy gracias, Dios mío, porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como ese publicano»: ayuno dos veces por semana, pago el diezmo de cuanto poseo». Tal era su oración, nos dice San Agustín (Serm. CXV, cap. 2, in Mud Lucae.). Bien veis que ella no es más que una afectación llena de orgullo y vanidad; el fariseo no viene para orar ante Dios, ni para darle las gracias, sino para alabarse a si propio y aun para insultar a aquel que realmente Ora. El publicano, por el contrario, apartado del altar, sin atreverse ni siquiera a elevar al cielo su mirada, golpeaba su pecho diciendo: «Dios mío, tened piedad de mi, que soy un miserable pecador».


– «Habéis de saber, añade Jesucristo, que este regresó justificado a su casa, más no el otro». Al publicano le fueron perdonados sus pecados, mientras que el fariseo, con todas sus pretendidas virtudes, volvió a su casa más criminal que antes. Y la razón de ello es esta: la humildad del publicano, aunque pecador, fue más agradable a Dios que todas las buenas obras del fariseo, mezcladas de orgullo (Ps., CL,, 18.). Y Jesucristo saca de aquí la consecuencia de que «el que quiera exaltarse será humillado, y el que se humille será exaltado». Desengañémonos, esta es la regla; la ley es general, nuestro divino Maestro es quien la ha publicado. «Aunque remontes lo cabeza hasta el cielo, de allí lo arrojare (Ier., XLIX, 16.) », dice el Señor. Si, el único camino que conduce a la exaltación provechosa para la otra vida, es la humildad. Sin esta bella y preciosa virtud de la humildad, no entrareis en el cielo; será como si os faltase el bautismo. De aquí podéis ya colegir la obligación que tenemos de humillarnos, y los motivos que a ello deben impulsarnos. Voy, pues, ahora a mostraros: 1.° Que la humildad es una virtud absolutamente necesaria para que nuestros acciones sean agradables a Dios y premiadas en la otra vida; 2.° Tenemos grandes motivos para practicarla, sea mirando a Dios, sea mirando a nosotros mismos.

I.-Antes de haceros comprender la necesidad de esta hermosa virtud, para nosotros tan necesaria como el Bautismo después del pecado original; tan necesaria, digo yo, como el sacramento de la Penitencia después del pecado mortal, debo primero exponeros en que consiste una tal virtud, que tanto merito atribuye a nuestras buenas obras, y que tan pródigamente enriquece nuestros actos. San Bernardo, aquel gran santo que de una manera tan extraordinaria la practicó nos dice que la humildad es una virtud por la cual nos conocemos a nosotros mismos y, mediante esto, nos sentimos llevados a despreciar nuestra propia persona y a no hallar placer en ninguna alabanza que de nosotros se haga (De gradibus humilitatis et superbiae, cap. 1).

Digo: 1.º Que esta virtud nos es absolutamente necesaria, si queremos que nuestros obras sean premiadas en el cielo ; puesto que el mismo Jesucristo nos dice que tan imposible nos es salvarnos sin la humildad como sin el Bautismo. Dice San Agustín: «Si me preguntáis cual es la primera virtud de un cristiano, os responderé que es la humildad; si me preguntáis cual es la segunda, os contestare que la humildad ; si volvéis a preguntarme cual es la tercera, os contestaré aun que es la humildad; y cuantas veces me hagáis esta pregunta, os daré la misma respuesta» (Epist. CXVIII ad Dioscorum, cap. III, 22.) .

Si el orgullo engendra todos los pecados (Eccli., X, 15.), podemos también decir que la humildad engendra todas las virtudes. Con la humildad tendréis todo cuanto os hace Falta para agradar a Dios y salvar vuestra alma; más sin ella, aun poseyendo todas las demás virtudes, será cual si no tuvieseis nada. Leemos en el santo Evangelio (Matth., XIX, 13.) que algunas madres presentaban sus hijos a Jesucristo para que les diese su bendición. Los apóstoles las hacían retirar, más Nuestro Señor desaprobó aquella conducta, diciendo: «Dejad que los niños vengan a Mi; pues de ellos y de los que se asemejan, es el reino de los cielos». Los abrazaba y les Baba su santa bendición. ¿A que viene esa buena acogida del divino Salvador? Porque los niños son sencillos, humildes y sin malicia. Asimismo, si queremos ser bien recibidos de Jesucristo, es preciso que nos mostremos sencillos y humildes en todos nuestros actos. « Esta hermosa virtud, dice San Bernardo, fue la causa de que el Padre Eterno mirase a la Santísima Virgen con complacencia; y si la virginidad atrajo las miradas divinas, su humildad fue la causa de que concibiese en su seno al Hijo de Dios. Si la Santísima Virgen es la Reina de las Vírgenes, es también la Reina de los humildes»  (Hom.1.ª super Missus est, 5.)

2. Preguntaba un día Santa Teresa al Señor por que, en otro tiempo, el Espíritu Santo se comunicaba con tanta facilidad a los personajes del Antiguo Testamento, patriarcas o profetas, declarándoles sus secretos, cosa que no hace al presente. El Señor le respondió que ello era porque aquellos eran más sencillos y humildes, mientras que en la actualidad los hombres tienen el corazón doble y están llenos de orgullo y vanidad. Dios no comunica con ellos ni los ama como amaba a aquellos buenos patriarcas y profetas, tan simples y humildes. Nos dice San Agustín: «Si os humilláis profundamente, si reconocéis vuestra nada y vuestra falta de meritos, Dios os dará gracias en abundancia; más, si queréis exaltaros y teneros en algo, se alejara de vosotros y os abandonara en vuestra pobreza».

Nuestro Señor Jesucristo, para darnos a entender que la humildad es la más bella y la más preciosa de todas las virtudes, comienza a enumerar las bienaventuranzas por la humildad, diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos». Nos dice San Agustín que esos pobres de espíritu son aquellos que tienen la humildad por herencia (Serm. LIII, in iflud Matth. Beati Pauperes spiritu.). Dijo a Dios el profeta Isaías: «Señor, ¿sobre quienes desciende el Espíritu Santo? ¿Acaso sobre aquellos que gozan de gran reputación en el mundo, o sobre los orgullosos? -No, dijo el Señor, sino sobre aquel que tiene su corazón humilde» (Isaías, LXVI, 2.).
Esta virtud no solamente nos hace agradables a Dios, sino también a los hombres. Todo el mundo ama a una persona humilde, todos se deleitan en su compañía. ¿De dónde viene; en efecto, que por lo común los niños son amados de todos, sino de que son sencillos y humildes? La persona que es humilde cede, no contraria a nadie, no causa enfado a nadie, conténtase de todo y busca siempre ocultarse a los ojos del mundo. Admirable ejemplo de esto nos lo ofrece San Hilarión. Refiere San Jerónimo que este gran Santo era solicitado de los emperadores, de los reyes y de los príncipes, y atraía hacia el desierto a las muchedumbres por el olor de su santidad, por la fama. y renombre de sus milagros; más el se escondía y huía del mundo cuanto le era posible.

Frecuentemente cambiaba de celda, a fin de vivir oculto y desconocido; lloraba continuamente a la vista de aquella multitud de religiosos y de gente que acudían a el para que les curase sus males. Echando de menos su pasada soledad, decía, llorando «He vuelto otra vez al mundo, mi recompensa será solo en esta vida, pues todos me miran ya como persona de consideración». «Y nada tan admirable, nos dice San Jerónimo, como el hallarle tan humilde en medio de los muchos honores que se le tributaban. Decidme, ¿ es esto humildad y desprecio de si mismo? ¡Cuán raras son estas virtudes! ¡Más también cuanto escasean los santos! En la misma medida que se aborrece a un orgulloso, se aprecia a un humilde, puesto que este toma siempre para si el último lugar, respeta a todo el mundo, y ama también a todos; esta es la causes de que sea tan buscada la compañías de las personas que están adornadas de tan bellas cualidades.

2.º     Digo que la humildad es el fundamento de todas las demás virtudes. Quien desea servir a Dios y salvar su alma, debe comenzar por practicar esta virtud en toda su extensión. Sin ella nuestra devoción será como un montón de paja que habremos levantado muy voluminoso, pero al primer embate de los vientos queda derribado y deshecho. El demonio teme muy poco esas devociones que no están fundadas en la humildad, pues sabe muy bien que podrá echarlas al traste cuanto le plazca. Lo cual vemos aconteció a aquel solitario que llego hasta a caminar sobre carbones encendidos sin quemarse ; pero, falto de humildad, al poco tiempo cayo en los más deplorables excesos (Vida de los Padres del desierto, t. 1.°, pag. 256.) . Si no tenéis humildad, podéis decir que no tenéis nada, a la primera tentación seréis derribados. Refiérese en la vida de San Antonio (Ibid., pag. 52.) que Dios le hizo ver el mundo sembrado de lazos que el demonio tenia preparados para hacer caer a los hombres en pecado. Quedó de ello tan sorprendido, que su cuerpo temblaba cual la hoja de un árbol, y dirigiéndose a Dios, le dijo: «Señor, ¿quien podrá escapar de tantos lazos? ». Y oyó un voz que le dijo: «Antonio, el que sea humilde; pues Dios da a los humildes la gracia necesaria pares que puedan resistir a las tentaciones; mientras permite que el demonio se divierta con los orgullosos, los cuales caerán en pecado en cuanto sobrevenga la ocasión. Mas a las personas humildes el demonio, no se atreve a atacarlas». Al verse tentado San Antonio, no hacia otra cosa que humillarse profundamente ante Dios, diciendo: «¡Señor, bien sabéis que no soy más que un miserable pecador!». Y al momento el demonio emprendía la fuga.

Cuando nos sintamos tentados, mantengámonos escondidos bajo el velo de la humildad y veremos cuan escasa sea la fuerza que el demonio tiene sobre nosotros. Leemos en la vida de San Macario que, habiendo un día salido de su celda en busca de hojas de palma, apareciósele el demonio con espantoso furor, amenazando herirle; más, viendo que le era imposible porque Dios no le había dado poder para ello, exclamo: «¡Macario, cuanto me haces sufrir! No tengo facultad para maltratarte, aunque cumpla más perfectamente que tu lo que tu prácticas pues tu ayunas algunos días, y yo no como nunca; tu pasas algunas noches en vela, yo no duermo nunca. Solo hay una cosa en la cual ciertamente me aventajas». San Macario le pregunto cual era aquella cosa. «Es la humildad». El Santo postróse, la faz en tierra, pidió a Dios no le dejase sucumbir a la tentación, y al momento el demonio emprendió la fuga (Vida de los Padres del desierto, t. II, p. 358.) . ¡Cuan agradables nos pace a Dios esta virtud, y cuan poderosa es para ahuyentar el demonio! ¡Pero también cuan rara! Lo cual raramente se ve con solo considerar el escaso numero de cristianos que resisten al demonio cuando son tentados.

No son todas las palabras, todas las manifestaciones de desprecio de si mismo lo que nos prueba que tenemos humildad. Voy a citaros ahora un ejemplo, el cual os probara lo poco que vales las palabras. Hallamos en la Vida de los Padres del desierto que, habiendo venido un solitario a visitar a San Serapio (Ibid., p. 417.), no quiso acompañarle en sus oraciones, porque, decía, he cometido tantos, pecados que soy indigno de ello, ni me atrevo a respirar allá donde vos estáis.

Permanecería sentado en el suelo por no atreverse a ocupar el mismo asiento que San Serapio. Este Santo, siguiendo la costumbre entonces muy común, quiso lavarle los pies, y aun fue mayor la resistencia del solitario. Veis aquí una humildad que, según los humanos juicios, tiene todas las apariencias de sincera; más ahora vais también a ver en que paró. San Serapio se limito a decirle, a manera de aviso espiritual, que tal vez haría mejor permaneciendo en su soledad, trabajando para vivir, que no corriendo de celda en celda como un vagabundo. Ante este aviso, el solitario no supo ya disimular la falsedad de su virtud; enojóse en gran manera contra el Santo y se marcho. Al ver esto, le dijo aquel: «Hijo mío, me decíais hace un momento que habíais cometido todos los crímenes imaginables, que no os atrevíais a rezar ni a comer conmigo, y ahora, por una sencilla advertencia que nada tiene de ofensiva, os dejáis llevar del enojo! Vamos, hijo mío, vuestra virtud y todas las buenas obras que practicáis, están desprovistas de la mejor de las cualidades, que es la humildad».

Por este ejemplo podéis ver cuan rara es la verdadera humildad. Cuanto abundan los que, mientras se los alaba, se los lisonjea, o a lo menos, se les manifiesta estimación, son todo fuego en sus practicas de piedad, lo darían todo, se despojarían de todo ; más una leve reprensión, un gesto de indiferencia, llena de amargura su corazón, los atormenta, les arranca lágrimas de sus ojos, los pone de mal humor, los induce a mil juicios temerarios, pensando que son tratados injustamente, que no es este el trato que se da a los demás. ¡Cuán rara es esta hermosa virtud entre los cristianos de nuestros días! ¡Cuantas virtudes tienen solo la apariencia de tales, y a la primera prueba vienense abajo.!

Pero, ¿en que consiste la humildad? Vedlo aquí : ante todo os dice que hay dos clases de humildad, la interior y la exterior. La exterior consiste:

1.° En no alabarse del éxito de alguna acción por nosotros practicada, en no relatarla al primero que nos quiera oír; en no divulgar nuestros golpes audaces, los viajes que hicimos, nuestras mañas o habilidades, ni lo que de nosotros se dice favorable;

2.° En ocultar el bien que podemos haber hecho, como son las limosnas, las oraciones, las penitencias, los favores hechos al prójimo, las gracias interiores de Dios recibidas;

3.° En no complacernos en las alabanzas que se nos dirigen ; para lo cual deberemos procurar cambiar de conversación, y atribuir a Dios todo el éxito de nuestras empresas; o bien deberemos dar a entender que el hablar de ello nos disgusta, o marcharnos, si nos es posible.

4.° Nunca deberemos hablar ni bien ni mal de nosotros mismos. Muchos tienen por costumbre hablar mal de si mismos, para que se los alabe esto es una falsa humildad a la que podemos llamar humildad con anzuelo. No habléis nunca de vosotros, contentaos con pensar que sois unos miserables, que es necesaria toda la caridad de un Dios para soportaros sobre la tierra.

5.° Nunca se debe disputar con los iguales; en todo cuanto no sea contrario a la conciencia, debemos siempre ceder; no hemos de figurarnos que nos asiste siempre el derecho; aunque lo tuviésemos, hemos de pensar al momento que también podríamos equivocarnos, como tantas veces ha sucedido; y, sobre todo, no hemos de tener la pertinacia de ser los últimos en hablar en la discusión, ya que ello revela un espíritu repleto de orgullo.

6.º Nunca hemos de mostrar tristeza cuando nos parece ser despreciados, ni tampoco ir a contar a los demás nuestras cuitas; esto daría a entender que estamos faltos de toda humildad, pues, de lo contrario, nunca nos sentiríamos bastante rebajados, ya que jamás se nos tratará cual debemos dar gracias a Dios, a semejanza del santo rey David, quien volvía bien por mal (Ps. VII, 5.), pensando cuanto había el también despreciado a Dios con sus pecados.

7.° Debemos estar contentos al vernos despreciados, siguiendo el ejemplo de Jesucristo, de quien se dijo que se «vería harto de oprobios» (Thren., III, 30.) , y el de los apóstoles, de quienes se ha escrito (Act., V, 41.) «que experimentaban una grande alegría porque habían sido hallados dignos de sufrir ignominia por amor de Jesucristo» ; todo lo cual constituirá nuestra mayor dicha y nuestra más firme esperanza en la hora de la muerte.

8.° Cuando hemos cometido algo que pueda sernos echado en cara, no debemos excusar nuestra culpa ; ni con rodeos, ni con mentiras., ni con el gesto debemos dar lugar a pensar que no lo cometimos nosotros. Aunque fuésemos acusados falsamente, mientras la gloria de Dios no sufra menoscabo, deberíamos callar.

9.° Esta humildad consiste en practicar aquello que más nos desagrada, lo que los demás no quieren hacer, y en complacerse en vestir con sencillez.

En esto consiste la humildad exterior. Mas ¿en que consiste la interior? Vedlo aquí. Consiste: 1.º En sentir bajamente de si mismo; en no aplaudirse jamás en lo intimo de su corazón al ver coronadas por el éxito las acciones realizadas ; en creerse siempre indigno e incapaz de toda buena obra, fundándose en las palabras del mismo Jesucristo cuando nos dice que sin Él nada bueno podemos realizar (Ioan, XV, 5.) , pues ni tan solo una palabra, como, por ejemplo, «Jesús», podemos pronunciar sin el auxilio del Espíritu Santo (1 Cor., XII, 3.). 2.° Consiste en sentir satisfacción de que los demás conozcan nuestros defectos, a fin de tener ocasión de mantenernos en nuestra insignificancia; 3.° En ver con gusto que los demos nos aventajen en riquezas, en talento, en virtud, o en cualquier otra cosa; en someternos a la voluntad o al juicio ajenos, siempre que ello no sea contra conciencia.

En esto consiste poseer la humildad cristiana, la cual tan agradables nos hace a Dios y tan apreciables a los ojos del prójimo. Considerad ahora si la tenéis o no. Y si desgraciadamente no la poseéis, no os queda otro camino, para salvaros, que pedirla a Dios hasta obtenerla; ya que sin ella no entraríamos en el cielo. Leemos en la vida de San Elzear que, habiendo corrido el peligro de perecer engullido por el mar, junto con todos los que se hallaban con el en el barco, pasado va el peligro, Santa Delfina, su esposa, le pregunto si había tenido miedo. Y el Santo contesto : «Cuando me hallo en peligro semejante, me encomiendo a Dios junto con todos los que conmigo se hallan; y le pido que, si alguien debe morir, este sea yo, como el más miserable y el más indigno de vivir» (V. Ribadeneyra, 27 septietnbre, t. IX, p. 395.). ¡Cuánta humildad..! !San Bernardo estaba tan persuadido de su insignificancia, que, al entrar en una ciudad, hincábase antes de hinojos, pidiendo a Dios que no castigase a la ciudad por causa de sus pecados; pues se creía capaz de atraer la maldición de Dios sobre aquel lugar. ¡Cuánta humildad! ¡Un Santo tan grande cuya vida era una cadena de milagros!

Es preciso que, si queremos que nuestras obras sean premiadas en el cielo, vayan todas ellas acompañadas de la humildad. Al orar, ¿poseéis aquella humildad que os hace consideraros como miserables e indignos de estar en la santa presencia de Dios? Si fuese así, no haríais vuestras oraciones vistiéndoos o trabajando. No, no la tenéis. Si fueseis humildes, ¡con que reverencia, con que modestia, con que santo temor estaríais en la Santa Misa! !No se os vería reír, conversar, volver la cabeza, pasear vuestra mirada por el templo, dormir, orar sin devoción, sin amor de Dios! Lejos de hallar largas las ceremonial y funciones, os sabría mal el termino de ellas, y pensaríais en la grandeza de la misericordia de Dios al sufriros entre los fieles, cuando por vuestros pecados merecéis estar entre los réprobos. Si tuvieseis esta virtud, al pedir a Dios alguna gracia, haríais como la Cananea, que se postró de hinojos ante el Salvador, en presencia de todo el mundo (Matth., XV, 25.); como Magdalena, que besó los pies de Jesús en medio de una numerosa reunión (Luc., VII, 38.). Si fueseis humildes, haríais como aquella mujer que hacia doce años que padecía flujo de sangre y acudió con tanta humildad a postrarse a los pies del Salvador, a fin de conseguir tocar el extremo de su manto (Marc., V, 25.). ¡Si tuvieseis la humildad de un San Pablo, quien, aun después de ser arrebatado hasta el tercer cielo (II Cor. XII, 2.) , solo se tenia por un aborto del infierno, el último de los apóstoles, indigno del nombre que llevaba! (1 Cor., XV, 8-9.).

¡Dios mío!, ¡cuán hermosa, pero cuán rara es esta virtud! Si tuvieseis esta virtud al confesaros, ¡cuán lejos andaríais de ocultar vuestros pecados, de referirlos como una historia de pasatiempo y, sobre todo, de relatar los pecados de los demás! ¿Cual seria vuestro temor al ver la magnitud de vuestros pecados, los ultrajes inferidos a Dios, y al ver, por otro lado, la caridad que muestra al perdonaros? ¡Dios mío!, ¿no moriríais de dolor y de agradecimiento? Si, después de haberos confesado, tuvieseis aquella humildad de que habla San Juan Clímaco (La Escala Santa, grado quinto.), el cual nos cuenta que, yendo a visitar un cierto monasterio, vio allí a unos religiosos tan humildes, tan humillados y tan mortificados, y que sentían de tal manera el peso de sus pecados, que el rumor de sus gritos, y las preces que elevaban a Dios Nuestro Señor eran capaces de conmover a corazones tan duros como la piedra. Algunos había que estaban enteramente cubiertos de llagas, de las cuales manaba un hedor insoportable; y tenían tan poco atendido su cuerpo, que no les quedaba sino la piel adherida al hueso. El monasterio resonaba con gritos los más desgarradores. «¡Desgraciados de nosotros miserables! ¡Sin faltar a la justicia, oh Señor, podéis precipitarnos en los infiernos! » Otros exclamaban: «¡Señor, perdonadnos si es que nuestras almas son aún capaces de perdón!». Tenían siempre ante sus ojos la imagen de la muerte, y se decían unos a otros: ¿Que será de nosotros después de haber tenido la desgracia de ofender a un Dios tan bueno? ¿Podremos todavía abrigar alguna esperanza para el día de las venganzas? ».

Otros pedían ser arrojados al rió para ser comidos de las bestias. Al ver el superior a San Juan Clímaco, le dijo: «Padre mío, habéis visto a nuestros soldados?». Nos dice San Juan Clímaco que no pudo allí hablar ni rezar: pues los gritos de aquellos penitentes, tan profundamente humillados, arrancabanle lágrimas y sollozos sin que en manera alguna pudiera contenerse. ¿De dónde proviene que nosotros, siendo mucho más culpables, carezcamos enteramente de humildad? ¡Porque no nos conocemos!

II.-Al cristiano que bien se conozca, todo debe inclinarle a ser humilde, y especialmente estas tres cosas, a saber : la consideración de las grandezas de Dios, el anonadamiento de Jesucristo, y nuestra propia miseria.

1.° Quien podrá contemplar la grandeza de un Dios, sin anonadarse en su presencia, pensando que con una sola palabra ha creado el cielo de la nada, y que una sola mirada suya podría aniquilarlo? ¡Un Dios tan grande, cuyo poder no tiene límites, un Dios lleno de toda suerte de perfecciones, un Dios de una eternidad sin fin, con la magnitud de su justicia, con su providencia que tan sabiamente lo gobierna todo y que con tanta diligencia provee a todas nuestras necesidades! No deberíamos temer, con mucha mayor razón que San Martin, que la tierra se abriese bajo nuestros pies por ser indignos de vivir? Ante esta consideración, ¿no haríais como aquella gran penitente de la cual se habla en la vida de San Pafnucio? (Vida de los Padres del desierto, t. 1.°, p. 212.). Aquel buen anciano dice el autor de su vida, quedó en extremo sorprendido, cuando, al conversar con aquella pecadora, la oyó hablar de Dios. El santo abad le dijo: «¿Ya sabes que hay un Dios?»- «Si, dijo ella; y aun más se que hay un reino de los cielos para aquellos que viven según sus mandamientos, y un infierno donde serán arrojados los malvados para abrasarse allí.» -«Si conoces todo esto, ¿cómo te expones a abrasarte en el infierno, causando la perdición de tantas almas?» Al oír estas palabras, la pecadora conoció que era un hombre enviado de Dios, se arrojó a sus pies y, deshaciéndose en lágrimas: «Padre mío, le dijo, imponedme la penitencia que queráis, y yo la cumpliré». El anciano la encerró en una celda y le dijo: «Mujer tan criminal como tu has sido, no merece pronunciar el santo nombre de Dios; te limitaras a volverte hacia el oriente, y dirás por toda oración: «Vos que me creasteis, tened piedad de mi!». Esta era toda su oración, derramando lágrimas y exhalando amargos sollozos noche y día. ¡Dios mío!, ¡cuanto nos hace profundizar en el propio conocimiento la humildad!

2.° Decimos que el anonadamiento de Jesucristo debe humillarnos aun más y más. «Cuando contemplo, nos dice San Agustín, a un Dios que, desde su encarnación hasta la cruz, no hizo otra cosa que llevar una vida de humillaciones e ignominias, un Dios desconocido en la tierra, ¿habré yo de sentir temor de humillarme? Un Dios busca la humillación, y yo, gusano de la tierra, querré ensalzarme? ¡Dios mío!, dignaos destruir este orgullo que tanto nos aparta de Vos».

Lo tercero que debe conducirnos a la humildad, es nuestra propia miseria. No tenemos más que mirarla algo de cerca, y hallaremos una infinidad de motivos de humillación. Nos dice el profeta: «En nosotros mismos llevamos el principio y los motivos de nuestra humillación. ¿No sabemos por ventura, dice, que nuestro origen es la nada, que antes de venir a la vida transcurrieron una infinidad de siglos, y que, por nosotros mismos, nunca habríamos podido salir de aquel espantoso e impenetrable abismo? ¿Podemos ignorar que, aun después de ser creados, conservamos una vehemente inclinación hacia la nada, siendo preciso que la mano poderosa de Aquel que de ella nos sacó, nos impida Volver al caer, y que, si Dios dejase de mirarnos y sostenernos, seriamos borrados de la faz de la tierra con la misma rapidez que una brizna de paja es arrastrada por una tempestad furiosa». ¿Qué es, pues, el hombre para envanecerse de su nacimiento y de sus demás cualidades? Nos dice el santo varón Job: ¿qué es lo que somos?, inmundicia antes de nacer, miseria al venir al mundo, infección cuando salimos de él. Nacemos de mujer, nos dice (Iob. XIV, 1.), y vivimos breve tiempo; durante nuestra vida, por corta que sea, mucho hemos de llorar, y la muerte no tarda en herirnos». «Tal es nuestra herencia, nos dice San Gregorio, Papa; juzgad, según esto, si tenemos lugar a ensalzarnos por nada del. mundo ;.así es que quien temerariamente se atreve a creer que es algo, resulta ser un insensato que jamás se conoció a sí mismo, puesto que, conociéndonos tal cual somos, sólo horror podemos sentir de nosotros mismos».

Pero no son menos los motivos que tenemos de humillarnos en el orden de la gracia. Por grandes talentos y dones que poseamos, hemos de pensar que todos nos vienen de la mano del Señor, que los da a quien le place, v, por consiguiente, no nos podemos alabar de ellos. Un concilio ha declarado que el hombre, lejos ele ser el autor de su salvación, sólo es capaz de perderse, ya que de sí mismo sólo tiene el pecado y la mentira. San Agustín nos. dice que toda nuestra ciencia consiste en saber que nada somos, y que todo cuanto tenemos, de Dios lo hemos recibido.
Finalmente, digo que debemos humillarnos considerando la gloria y la felicidad que esperamos en la otra vida, pues, de nosotros mismos, somos incapaces de merecerla. Siendo Dios tan magnánimo al concedérnosla, no hemos de confiar sino en su misericordia y en los infinitos méritos de Jesucristo su Hijo. Como hijos de Adán, sólo merecemos el infierno. Cuán caritativo en Dios al permitirnos tener esperanza de tantos y tan grandes bienes, a nosotros que nada hicimos para merecerlos.

¿Qué hemos de concluir de todo esto? Vedlo aquí: todos los días hemos de pedir a Dios la humildad, esto es, que nos conceda la gracia de conocer nuestra nada, que de nosotros mismos nada tenemos, que los bienes que poseemos, tanto del cuerpo como del alma, nos vienen todos de Él. Practiquemos la humildad cuantas veces nos sea posible; quedemos bien persuadidos de que no hay virtud más agradable a Dios que la humildad, y de que con ella obtendremos todas las demás. Por muchos que sean los pecados que pesen sobre nuestra conciencia, estemos seguros de que, con la humildad, Dios nos perdonará. Cobremos afición a esa virtud tan hermosa; ella será la que nos unirá con Dios, la que nos hará vivir en paz con el prójimo, la que aligerara nuestras cruces, la que mantendrá nuestra esperanza de ver otro día a Dios. Él mismo nos lo dice: «Bienaventurados los pobres de espíritu, pues ellos verán a Dios» (Matth., V,3.).

La persecución cristiana en nuestros días

Jesús anunció, advirtió y prometió que los cristianos seríamos perseguidos tal como Él lo estaba siendo cuando lo dijo, además, dijo que esa persecución debía ser motivo de alegría… también lo vemos en Lázaro de Betania, el primer resucitado por Jesús, en el que según la leyenda, fue perseguido por los judíos luego de ello, ya que no lo reconocían ni como vivo ni como muerto… Pedro mismo fue perseguido y crucificado a causa de Cristo, Pablo, antiguo verdugo, pasó, por la fe, a ser perseguido.

Y los primero cristianos, sobre todo en la época del cruel Nerón, y épocas similares… pero jamás pensamos que la persecución llegaría hasta el año 2013. Hace un par de meses, en el perfil de Facebook recibí un mensaje de un chico sirio que había escapado de la guerra y me contó que en Egipto y muchas zonas del mundo árabe los católicos son auténticamente perseguidos, debiendo realizar las Misas en ruinas de bombardeos, porque así saben que no vendrán de nuevo los rebeldes/soldados que les persiguen.

Aquí algunas notas:

Son sólo algunos ejemplos de que aún ahora, la persecución a los cristianos se vive y de manera muy dura en el mundo. En el Jubileo del año 2000, en la Jornada Mundial de la Juventud en la Plaza de San Pedro, el Papa Juan Pablo II, dijo que en el nuevo milenio ya no habría un martirio de sangre a causa de la fe, sino una persecución ideológica, con una brutal exigencia de testimonio de parte de todo el que se llamara cristiano… y lo vivimos a diario, a pequeña y gran escala.

Se nos exige mucho en la sociedad actual, la ridiculizan, burla, y mofa a los cristianos de parte de ateos, científicos o sencillamente no católicos está a la orden del día, una buena acción de un católico es obligación y no es aplaudida ni siquiera mencionada en los medios (entiendan que no me refiero a que lo hagamos por el aplauso, sino por la tendencia de no mostrarla), pero cualquier indicio de delito, sobre todo de sacerdotes, no se duda ni se medita, y ya van muchos casos de sacerdotes acusados de delitos graves, vilipendiados en los medios públicamente, que luego son exonerados, y que dicha inocencia no se muestra (no me malentiendan, los que son culpables deben pagar ante la ley sin excusas, todos, sacerdotes, políticos y cualquiera).

Una oración por los que son perseguidos a causa de su fe, sean o no cristianos, en todo el mundo. La fe debe unir, debe ser razón de amor al prójimo, no de odios ni muerte.

Satanás tienta en el confesionario

Un día, el cura de Ars, como siempre, fue cerca de las 5 o 6 am al confesionario, previo rezo de las Horas, y demás cosas que hacía por las mañanas, y como siempre, encontró una gran fila en el templo y acudió a confesarles. Se dio cuenta que la gente no hablaba como siempre, y como él tenía el don de saber los pecados de las personas a pesar de que éstas no se lo dijeran, supo que muchos no contaban todo.

Cuando era medio día, vio en la fila una sombra murmurando a las personas, dichas personas, abandonaban la fila… se levantó de inmediato y se dirigió a la sacristía a orar intensamente. El sacristán le preguntó qué sucedía y le respondió que Satanás estaba ahuyentando a la gente del confesionario y no se lo iba a permitir.

Lo que más sorprende de la anécdota, es que Satanás podía andar en el templo como si nada, podía ir tentando también a los que se dirigen a la Conciliación con Él… pero si lo pensamos bien, qué momento más terrorífico para Satanás que un alma que se dirige arrepentida a la reconciliación con el Señor, así que hace de todo para evitarlo.

Cuando te dirijas al confesionario, y sientas vergüenza, duda, miedo por ir con el sacerdote, piensa que es Satanás murmurando cosas raras, que son tentaciones, zancadillas  de él, es su desesperación.

Prepara tu confesión previamente, para evitar que se te olvide, incluso anota todo y consultalo en el confesionario, y no tengas miedo, Él es Amor, y te espera sin reservas, el paso siguiente, va de tu parte.

De cómo se descubrieron los restos de San Pedro

En 1940, el Papa Pío XII, deseaba mostrar al mundo, con pruebas científicas, que el Papa y El Vaticano residían realmente en el sitio donde también reposaban los restos del apóstol San Pedro, el primer Papa de la Iglesia. Para ello ordenó realizar excavaciones y estudios arqueológicos pertinentes para ello. Ya estaba familiarizado, puesto que como cardenal había sido arcipreste de San Pedro.

Había dos enormes riesgos que hicieron muy valiente su decisión: primero que nada, el gran movimiento de materiales dentro de la Ciudad Eterna, la más sagrada para los católicos, y segundo, y quizá más importante, el no poder certificar la existencia de la tumba de San Pedro dentro de El Vaticano. Imagino que muchos anticlericales habrían estado felices de éste segundo riesgo.

Tumba de San Pedro
Tumba de San Pedro

Entre el equipo encargado de dicha búsqueda estaba el padre Engelbert Kircshbaum, de la pontificia universidad gregoriana, bajo supervisión del monseños Ludwing Kaas, un hombre de confianza del Papa Pacelli. En 1942, el Papa hizo un anunció que se convirtió en célebre: “Saxa Loquuntur” es decir, “las piedras hablan”, y comenzó la búsqueda. Gran parte de las excavaciones fueron realizados en la Necrópolis Romana,  que estaba ya en muy malas condiciones debido a la construcción de la Basílica constantiniana y de los cimientos del Baldaquino de San Pedro.

No fue hasta en año de 1950, en el mensaje navideño que se hacía por radio, el Papa anunció de que la Santa Sede tenía pruebas suficientes para afirmar que realmente El Vaticano, y por tanto el Papa reposaba en el sitio donde también descansa San Pedro. Pero quedaban algunas lagunas.

Dichas lagunas no dejaron tranquilo al Papa y reanudó los estudios y excavaciones en el año de 1952, ésta vez dejó el estudio en manos de la profesora de la Universidad de Roma, especialista en arqueología  y epigrafía grecorromana Marghuerita Guarducci, con una reputación fuerte en su rigor científico. Ella descifró inscripciones de la tumba en que se proclamaba la victoria de Cristo, María y Pedro.

En cuanto a las reliquias de San Pedro, una gran incógnita porque la tumba hallada se encontraba totalmente vacía. La profesora Guarducci entonces decidió interrogar a los operarios que trabajaron en las excavaciones, y uno de ellos le informó que el monseñor Kaas, ya fallecido en esa época, bajaba todas las tardes-noches para revisar los avances de las excavaciones.

En una ocasión le habían mostrado a monseñor Kaas unos huesos encontrados en un nicho de la Capilla Clementina. Monseñor los había guardado en una caja que escondió en un espacio pequeño que había entre los muros y sobre los que el olvido cayó. Monseñor los escondió pensando que se trataban de los restos de un santo y que por ello, no iban a ser tratados con respeto y dignidad, decidió esconderlos

La profesora Guarducci encontró dichos huesos por accidente, y los envío a analizar bajo toda la clase de pruebas científicas, antropólogicas, etc. La profesora realmente estaba descifrando unos grafitos escritos en el muro que decían:

«Pedro, ruega por los cristianos que estamos sepultados junto a tu cuerpo»
«Pedro está aquí»

También se encontró una especie de firma, parecida a la letra “P” y en el palo vertical tres rayas horizontales en forma de llave. Al excavar descubrieron un nicho forrado de mármol blanco, que contenía huesos. Ella informó al papa Pablo VI de que según sus conclusiones los restos eran los de san Pedro.

Entonces, los restos fueron encargados a  Venerato Correnti, profesor y catedrático de antropología de la Universidad de Palermo. En el estudio definió que en el nicho había huesos humanos y los de un ratón. Con respecto al animal, indicó que se coló por alguna rendija y al no poder salir murió allí.

Sus conclusiones fueron:

  1. Los huesos del animal prácticamente están limpios a diferencia de los restos humanos, pues ellos tienen tierra que luego de estudiada son de la tumba que estaba abierta y vacía y la cual identificaron como de San Pedro. Por otro lado, todas las tumbas junto a este hallazgo tienen otra clase de tierra.
  2. Los huesos tienen un color rojo provenientes del paño dorado y púrpura en que fue envuelto, también, aparte de tela (púrpura), hay restos de hilos de oro, lo que lleva a pensar que ésta seria una persona venerada, posiblemente los huesos se retiraron de la tumba original para «guardarlos» en el nicho y así quedar protegidos, pues el nicho estaba intacto desde Constantino hasta el hallazgo.
  3. Estos huesos encontrados pertenecen a la misma persona, un ser robusto, de sexo varón, con avanzada edad (posiblemente setenta años) y del primer siglo.

[box type=”info” size=”large” style=”rounded” border=”full”]Un detalle interesante es que los huesos de los pies no aparecieron entre los restos hallados, y se puede recordar, que quien era crucificado cabeza abajo (entre los diferentes modos que existían en la crucifixión), se le descolgaba cortando los pies y así el cuerpo caía al suelo.[/box]

El 26 de Junio de 1968, el Papa Pablo VI, anunció que se trataba auténticamente de los restos del apóstol San Pedro y ordenó colocarlas en el sitio, donde según la Tradición, las había colocado Constantino El Grande diez y seis siglos antes.

Coincidió con la coronación del Año de la Fe, el decimonono centenario del martirio de los apóstoles San Pedro y San Pablo.

El Papa no lo dijo… pero como si lo dijera: acoger, no condenar

Es increíble cómo una frase pequeña entre 12 mil palabras que pronunció el Papa Francisco en la extensa y reciente entrevista a unas revistas jesuitas dieran tanto de que hablar, que dieran tanto debate no sólo en medios católicos sino medios tan importantes como “The New York Times”, “El País”, “El Norte”, incluso “The Guardian” hablaban de un Papa revolucionario, distinto, por una frase que dijo, muy pequeña:

No podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible. […] Yo he hablado mucho de estas cuestiones y he recibido reproches por ello. Pero si se habla de estas cosas hay que hacerlo de un contexto. Por lo demás, ya conocemos la opinión de la Iglesia y yo soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar.

Italy Vatican Pope
Los medios sólo tomaron lo de “El Papa dice que la Iglesia está obsesionada con los gays, el aborto y la anticoncepción”, provocando la furia de muchos, el beneplácito de otros, cuando en realidad la extensa entrevista ha sido ignorada de manera olímpica por la mayoría: habla de quién es Jorge Bergoglio, porqué se hizo jesuita, qué significa para un jesuita ser Papa y para la Iglesia que el Papa sea jesuita, y muchas más cosas en 27 hojas.

Estoy de acuerdo en que el Papa no dijo exactamente lo que la mayoría de medios de comunicación interpretaron, pero sí creo que hizo un llamado importante: elegir cuándo, cómo y cuidar cuando se hable de temas como el aborto, la homosexualidad y la anticoncepción, y  hacerlo en la clave de la Iglesia: acoger y no condenar.

Considero reprobable lo que muchos medios católicos hacen, incluso Obispos y sacerdotes, al realmente obsesionarse con la condena a las personas que viven en éstas situaciones, y mucho más, al menos aquí en España, que muchos miembros de la Iglesia Española se enfaden con éste mensaje del Papa.

Algunos ejemplos:

-ACIPrensa ya es criticada incluso por sacerdotes por su afán de polémica: interpretan las palabras del Papa siempre condenando a los homosexuales. Les recomiendo ver éste artículo, y busquen las críticas que hacen siempre al Obispo de Saltillo, México.

– La plataforma de Chihuaha, México, Catoliscopio, es una gran página que promueve muchos valores cristianos, conocimiento de la Iglesia y la oración, de hecho colocan oraciones para cada momento del día… pero mi crítica es que últimamente se van hacia la condena y rechazo al homosexual. Ya muchos lectores también se lo dicen: hacen un gran trabajo, no se obsesionen.

[box type=”note” size=”large” border=”full”]Insisto en que son excelentes páginas, pero sólo las coloco como ejemplo de que en ocasiones, nos vamos hacia la condena y no a la misericordia.[/box]
Quien lee con pausa y la contextualiza percibe fácilmente que en realidad el Papa alude a un cariz que la Iglesia debe acentuar más: la acogida. No cualquier acogida sino una acogida misericordiosa hacia cualquier pecador.
[box type=”info” size=”large” border=”full”]Puede decirse que, en sentido estricto, la prensa no ha manipulado palabras, simplemente las ha descontextualizado y usado según el propio gusto. [/box]
Lo que creo que el Papa, no sólo en ésta entrevista, sino en muchos otros momentos ha querido decir (sí, ya hago lo que los medios hacen) es que más que condenar, perseguir y actuar como la policía moral del mundo, debemos, como Iglesia, actuar como madre, que no condena ni castiga, sino consuela, acompaña, cura y ayuda, sin negar que a quien cuida, pueda vivir en pecado, sea cual fuere.
En ésa misma entrevista, el Papa dice:
Tenemos que anunciar el Evangelio en todas partes […] y curando, también con nuestra predicación, todo tipo de heridas y cualquier enfermedad. En Buenos Aires recibía cartas de personas homosexuales que son verdaderos “heridos sociales”, porque me dicen que sienten que la Iglesia siempre les ha condenado. Pero la Iglesia no quiere hacer eso. Durante el vuelo en que regresaba de Río de Janeiro dije que si una persona homosexual tiene buena voluntad y busca a Dios, yo no soy quién para juzgarla. Al decir eso he dicho lo que dice el Catecismo. La religión tiene derecho de expresar sus propias opiniones al servicio de las personas, pero Dios en la creación nos ha hecho libres: no es posible una injerencia espiritual en la vida personal. […] Hay que tener siempre en cuenta a la persona. Y aquí entramos en el misterio del ser humano. En esta vida Dios acompaña a las personas y es nuestro deber acompañarlas a partir de su condición. Hay que acompañar con misericordia. Cuando sucede así, el Espíritu Santo inspira al sacerdote la palabra oportuna
El Papa no ha dicho nada nuevo, sino ha confirmado la clave de la Iglesia: acoger, amar, como Cristo a nosotros, siendo también pecadores e imperfectos, y en ésto no hay nada nuevo.

Lo mejor que podemos hacer, es ser católicos informados, conocedores de nuestra fe y lo que el Papa dice.Las 16 revistas culturales de la Compañía de Jesús que publicaron en diferentes idiomas la entrevista son las siguientes:

La Civiltà Cattolica: http://www.laciviltacattolica.it (IT)

A Szív: http://parbeszedhaza.hu (H)

America Magazine: http://www.americamagazine.org (US)

Broteria: http://www.broteria.pt (P)

Choisir: http://www.choisir.ch (CH)

Études: http://www.revue-etudes.com (F)

Mensaje: http://www.mensaje.cl (RCH)

Razón y fe: http://www.razonyfe.org (E)

Sic: http://www.gumilla.org (YV)

Signum: http://www.signum.se (S)

Stimmen der Zeit: http://www.stimmen-der-zeit.de (D)

Streven: http://www.streventijdschrift.be (B)

Thinkinf Faith: http://www.thinkingfaith.org (UK)

Anoichtoi Orizontes, paper only (GR)

Obnovljeni Zivot, paper only (HR)

Viera a Zivot, paper only (SK)

Vuelva usted mañana…

He trabajado en empresas en las que una falta en cuestiones de atención a cliente me podía costar el empleo, ni qué decir que hay negocios en los que al parecer, ellos nos hacen un favor a nosotros al vendernos lo que necesitamos, y su actitud es de prepotencia, hastío o simplemente, falta de amabilidad.

Me he topado con éstas actitudes en iglesias, tanto en México como en España. Recuerdo cuando estaba en Monterrey, que acudí con una amiga a Misa, y ella me dijo que deseaba confesarse, así que al terminar la Misa acudimos a Sacristía, esperamos educadamente a que el sacerdote nos atendiera. Yo esperaba, sino una fiesta, sí una actitud de alegría, y si no hubiese podido, decirle de buenas maneras que no es posible, y darle una cita o el horario de confesiones… no, le preguntó desde cuando se confesaba, le dijo que cuatro años y dijo “pfff, ahora no se puede confesar, ¿no puedes venir otro día?”. Si un negocio trata mal a sus clientes, se pierde el negocio, pero si en la iglesia lo hacemos, se puede perder un alma.

6726985489_cb60e1a40a_b

Tal parece que en el cielo, cuando alguien se arrepiente y desea volver al redil, hacen fiesta, pero nosotros en la tierra, nos da pereza… ni qué decir de las mujeres (típicamente, pero hay de todo), que se creen dueñas de las iglesias, y muchas veces sin conocerlo el párroco, van al Sagrario y de un grito dicen a los que oran que la iglesia va a cerrar, y he visto que incluso, orando, van y te zarandean la espalda para que les hagas caso.

Recuerdo, personalmente, cuando una persona muy querida falleció, y gente en México no sabía a qué sacerdote acudir, yo llamé a uno vía guía de la Arquidiócesis (cerca de la funeraria), y que era conocido mío, le dije que necesitaban un sacerdote para las exequias, y me dijo que no, porque era su día de descanso, y había otros sacerdotes cercanos que sí están dentro de esa “jurisprudencia”.

Menciono casos de sacerdotes, pero también hay muchos que nosotros hacemos como laicos en el apostolado de nuestras parroquias, que en ocasiones son más graves y lapidatorias que una mala respuesta. En ésto no nos salvamos nadie.

San Juan María Vianney decía que cuando alguien deseaba confesarse, había que detener el mundo para rescatar esa alma, eso lo decía como sacerdote, y a los laicos nos dice que cómo es posible que vivamos tranquilos bajo pecado, sin miedo a que llegue de pronto la venida de Su Majestad, que no tengamos temor de vivir en pecado por pequeño que sea, con el gran regalo de la reconciliación.

[box type=”note” style=”rounded” border=”full”]Es obvio que los sacerdotes no están a nuestra dispocisón en el momento que deseemos, en el artículo sólo quise poner de manifiesto las actitudes que ahuyentan a la gente, más que a los hechos en sí mismo: no es lo mismo decir con apatía que no puedes confesarle, que decirle “haz un examen de conciencia, y vente tal día a las 6 pm y hablamos tranquilamente, ahora mismo no puedo por “X” razón.”[/box]

15 claves de la encíclica Lumen Fidei

El Papa Francisco lleva poco tiempo al frente de la Iglesia y ya ha dado mucho de qué hablar, no ha escatimado en trabajo, actividad… y en darle trabajo a la prensa y a nosotros, los católicos, no se ha cansado de enviarnos mensajes e indicaciones de “hacer lío”, de vivir la fe sin miedos ni reservas, y de una manera más humilde, pero sin reservas.

Pope Francis delivers a speech to the Catholic faithful at Copacabana beach in Rio de Janeiro

Y como colofón para el Año de la Fe que declaró inicialmente el Papa Benedicto XVI, el Papa Francisco nos regaló hace algunas semanas su primera encíclica: Lumen Fidei, que recoge el borrador preparado por Benedicto XVI antes de su renuncia, que es, en resumen,  una invitación -presentada en un tono propositivo- para que los cristianos miren el mundo “con los ojos de Cristo”.

Para los que no la hayan leído, les haré una pequeña crónica de lo que ella contiene, invitándote a leerla y meditarla detenidamente.

[unordered_list style=”star”]

  • La luz que procede de la fe ilumina toda la existencia humana, y eso es particularmente importante en una época en la que los hombres tienen una especial necesidad de luz.
  • “Es urgente recuperar el carácter luminoso propio de la fe”, afirma el Papa en esta encíclica, con la que se completa la trilogía dedicada a las virtudes teologales, después de la “Deus charitas est” y la “Spe salvi”, de Benedicto XVI.
  • Dice el Papa Francisco: “Deseo hablar precisamente de esta luz de la fe para que crezca e ilumine el presente, y llegue a convertirse en estrella que muestre el horizonte de nuestro camino en un tiempo en el que el hombre tiene especialmente necesidad de luz”.
  • Dado que la encíclica se publica en el Año de la Fe, y en el 50º Aniversario del Concilio Vaticano II, El Papa Francisco subraya que “el Vaticano II ha sido un Concilio sobre la fe” que ha mostrado “cómo la fe enriquece la existencia humana en todas sus dimensiones”.
  • El Papa contempla la fe de Israel, con las figuras de Abraham y Moisés, hasta llegar a la plenitud de la vida cristiana con Jesucristo: “la fe cristiana está centrada en Cristo, es confesar que Jesús es el Señor, y Dios lo ha resucitado de entre los muertos”.
  • Frente a quienes piensan que “Dios sólo se encuentra más allá, en otro nivel de realidad, separado de nuestras relaciones concretas”, los cristianos “confiesan el amor concreto y eficaz de Dios, que obra verdaderamente en la historia y determina su destino final”; amor que se ha “revelado en plenitud en la pasión, muerte y resurrección de Cristo”.
  • Una parte de la nueva lógica que inaugura la fe es que “no es algo privado, una concepción individualista, una opinión subjetiva, sino que nace de la escucha y está destinada a pronunciarse y a convertirse en anuncio”.
  • “La fe, sin verdad, no salva, no da seguridad a nuestros pasos. Se queda en una bella fábula, proyección de nuestros deseos de felicidad” o bien se reduce a un “sentimiento hermoso, que consuela y entusiasma, pero dependiendo de los cambios en nuestro estado de ánimo o de la situación de los tiempos, e incapaz de dar continuidad al camino de la vida”.
  • Es ciento, dice el Papa, que el amor tiene que ver con la afectividad, pero para construir una relación duradera con la persona amada. “Sólo en cuanto está fundado en la verdad, el amor puede perdurar en el tiempo, superar la fugacidad del instante y permanecer firme para dar consistencia a un camino en común”.
  • El Papa da un paso más: “si el amor necesita la verdad, también la verdad tiene necesidad del amor. Amor y verdad no se pueden separar. Sin amor, la verdad se vuelve fría, impersonal, opresiva para la vida concreta de la persona”. Es algo que tiene también consecuencias a la hora de presentar la fe cristiana: “la verdad de un amor no se impone con la violencia, no aplasta a la persona. Naciendo del amor puede llegar al corazón, al centro personal de cada hombre. Se ve claro así que la fe no es intransigente, sino que crece en la convivencia que respeta al otro. El creyente no es arrogante; al contrario, la verdad le hace humilde, sabiendo que, más que poseerla él, es ella la que le abraza y le posee. En lugar de hacernos intolerantes, la seguridad de la fe nos pone en camino y hace posible el testimonio y el diálogo con todos”.
  • Así, “para transmitir un contenido meramente doctrinal, una idea, quizás sería suficiente un libro, o la reproducción de un mensaje oral”. Pero, en realidad, lo que se comunica en la Iglesia, es algo más: la luz nueva que nace del encuentro con el Dios vivo. “Para transmitir esta riqueza hay un medio particular, que pone en juego a toda la persona, cuerpo, espíritu, interioridad y relaciones. Este medio son los sacramentos, celebrados en la liturgia de la Iglesia”.
  • La experiencia del amor nos dice que precisamente en el amor es posible te­ner una visión común, que amando aprendemos a ver la realidad con los ojos del otro, y que eso no nos empobrece, sino que enriquece nuestra mirada. El amor verdadero, a medida del amor divino, exige la verdad y, en la mirada común de la verdad, que es Jesucristo, adquiere firmeza y profundidad”.
  • Al hombre que sufre, Dios no le da un razonamiento que explique todo, sino que le responde con una presencia que le acompaña”. Y añade: “en Cristo, Dios mismo ha querido compartir con nosotros este camino y ofrecernos su mirada para darnos luz”.
  • La fe ayuda a la cohesión social. “Si hiciésemos desaparecer la fe en Dios de nuestras ciudades, se debilitaría la confianza entre nosotros, pues quedaríamos unidos sólo por el miedo, y la estabilidad estaría comprometida”.
  • El Papa recuerda que “la fe es una sola”, y que por tanto debe ser confesada en su integridad: “precisamente porque todos los artículos de la fe forman una unidad, negar uno de ellos, aunque sea de los que parecen menos importantes, produce un daño a la totalidad. Cada época puede encontrar algunos puntos de la fe más fáciles o difíciles de aceptar: por eso es importante vigilar para que se transmita todo el depósito de la fe”.

[/unordered_list]

No te quedes con mi resumen, ve ahora mismo y descárgala y léela y medítela, si es necesario, da una copia a tu grupo parroquial, e invita al párroco a que la explique.

[box type=”download” border=”full”]Descargala aquí (ACI Prensa)[/box]

Remar mar adentro en la Nueva Evangelización

Nuestra sociedad se enfrenta a cambios muy frecuentes. Hace años los computadores eran exclusivamente para realizar trabajos, enviar correos electrónicos o jugar. Hoy día los computadores, y los celulares, son nuestra conexión al mundo. Un mundo donde el dinero se ha convertido en el “rey supremo”, donde la “realidad” es la mentira disfrazada de verdad y donde escuchar es sinónimo de discusión. Donde el amor es suplantado por el dinero, el egoísmo y el odio. A este mundo nos enfrentamos como humanos, como católicos… como cristianos.

Estamos llamados a ir por el mundo y hacer discípulos (Mt 18,19) Pero, ¿qué mundo? ¿Cómo puedo ir en contra de un mundo que no cree ni en sí mismo? Bueno la primera pregunta puede contestarla una de las primeras oraciones de este artículo. Hay un nuevo mundo: las redes sociales.

 “ Rema mar adentro y echad vuestras redes para pescar” (Lucas 5,4)

Mar adentro

Como el llamado de Cristo a Simón así estamos nosotros. Estamos llamados a remar mar adentro, a remar encontra de la corriente y echar nuestras redes. ¿Confiamos en el Señor? ¿Acaso confiamos que tendremos una buena pesca? Si el capitán del barco pesquero es excelente, ¡claro qué tendremos una buena pesca!

Pero regreso con la pregunta: “¿cómo puedo ir en contra de un mundo que no cree en sí mismo? A mi se me ha hecho un poco difícil evangelizar en las redes sociales. Primero soy jóven y no muchos en mi país piensan en una juventud positiva. Segundo, fue un cambio radical. De solo críticar al gobierno (que confieso lo hago todavía en ocasiones) a llevar un mensaje de amor, mensaje de esperanza y de compresión. Fue “remar mar adentro” en twitter. Y tercero, intentaba evadir los temas religiosos porque tengo amistades ateas, protestantes y no tenía ni la más mínima intención de ofenderlos o incomodarlos con mis comentarios.

Hubo ese cambio y sí comencé a perder “amigos” por ese cambio, pero he ganado mucho más y mejores. No puedo decir que es fácil porque los ataques y falta de respeto siempre están. Yo intento ignorarlos y continuar con lo que hago. Llega un momento en que le cojes el gusto a esto de evangelizar hasta el punto que se convierte en algo que haces por deber, porque te nace hacerlo.

A través de la evangelización en las redes he conocido, virtualmente, a sacerdotes, seminaristas, religiosas y laicos con la misma fe, creencia y amor por Cristo.

¿Cómo comienzo?

Hay miles de redes sociales pero las principales, por lo menos las más que se utilizan, son Facebook y Twitter. Un inicio puede ser seguir a personas católicas y que evangelicen en las redes. En Twitter, que es el más que yo uso y creo que usan más para evangelizar, puedes buscar el “hashtag” #imision. Bajo este “tag” podrás encontrar imisioneros. Los imisioneros son religiosos, religiosas y laicos que se dedican a evangelizar en las redes sociales. Esto puede ser un inicio para que tengas una idea más o menos clara de lo que es la evangelización digital.

Lanzarnos a este camino puede ser dificil. Posiblemente tengamos miedo a perder, a las discusiones o conflictos, pero te aseguro que con la compañía de Jesús y Maríá no hay de que temer. Como dijo el Beato Juan Pablo II: “No tengais miedo”. Te invito a que inicies este camino al que todos, como bautizados, estamos llamados. Respóndele a Cristo con el corazón. Confiemos en Jesús y pidámosle que sea Él el que conduzca nuestra vida como sus testigos, discípulos y misioneros.

[box type=”note” size=”large” border=”full” icon=””]Éste artículo fue una amable colaboración de Shelymar B., una chica boricua que es muy activa en la evangelización en las redes sociales. Si gustas seguirla, su nick en Twitter es @aciegaspr [/box]

Imagen por Vicki Burton

La Iglesia, el Papa y los Santos